
Se dice que hay mucha valentía en ir a terapia. Y es verdad, yo también lo creo.
Se necesita mucho coraje para contar lo que duele, lo que avergüenza, lo que va mal. Muchas veces más por atreverse a asumirlo, aceptarlo y dejar de ignorarlo o poner excusas, que por contarlo.
Pero algo sobre lo que no solemos pensar es en lo enormemente difícil que, en muchas ocasiones, es contar tus sueños a otra persona. Oírte decirlos en alto, ponerlos en palabras, sentir la exposición… ¡¡mi reino por una armadura!!
Y aún así, atreverte a tomarlos (a tomarte) en serio.
A terapia no solo se viene a contar miedos… también se viene a contar sueños.
¿Qué te asusta más?

